testimonio de rafael

     Me llamo Rafael y soy un enfermo alcohólico. El dar un porque de mi enfermedad seria muy difícil, por no decir imposible. Una de las causas pudo ser el entorno familiar. Mi padre es, aunque nunca lo haya reconocido, también alcohólico. Trabaja como repartidor en la fabrica de cervezas, por lo tanto en mi casa nunca faltaba una caja de cervezas. Otra puede ser la facilidad con que los jóvenes accedíamos al alcohol, cosa que no ha cambiado en la actualidad. Cada vez que nos reuníamos faltábamos a clase o simplemente salíamos era para ponernos como un avión. Esa etapa me duró poco y el consumo no era excesivo, pero vino ora peor que fue cuando me fui voluntario al ejercito Pienso que es la época de mi vida donde empezó a fraguarse mi alcoholismo, sin yo saberlo pues empecé a consumir en cantidades industriales. Todos los días era una medio tajada. Esta racha se corto cuando me dieron el pase pernocta y empecé a salir con mi novia, mi actual esposa, pero en maniobras y en semanas que tenia servicio y no la veía en toda la semana, seguía bebiendo como un cosaco. Recuero una anécdota en unas maniobras conjuntas con americanos y en reunión con mandos, mis sargentos en plan de broma, me quisieron cambiar por un jeep, pero los yanquis respondieron que les era mas barato la gasolina del vehículo que darme de beber.

     Cuando acabe los tres años de contrato empecé a trabajar en mi actual profesión. Todo parecía ir bien pues controlaba mi consumo. Pero cuando empecé a acoger ritmo y confianza, mis desayunos consistían en un café solo y una copa de anís. Con el paso del tiempo deje el café y lo cambie por otra copa y en las comidas bebía mas vino que comida y como postre otra copa. Me quede parado, pero no por culpa del alcohol, y como por aquellos tiempos vivíamos en casa de mis suegros, estos decidieron poner un negocio par sus dos hijos y para mí. Las cosas empezaron bien y el negocio marchaba, pero como el que estaba en la calle era yo y debido a mi carácter tímido para animarme me tomaba mis copas y mis cervecitas.

     La paciencia de todos llegó al limite porque no veían en mi ambición y una desgana total. Aconsejado por mi cuñado nos dirigimos a CRUZ ROJA, donde me hicieron pruebas médicas y un para de sesiones con la psicóloga. Empecé un tratamiento y a tomar las gotas, para la ansiedad, pero tuve que dejarlas por que hice trampas y me puse malísimo y opte por ponerme la famosa vacuna, antes de advertirme D. BARTOLOMÉ –medico- que era una decisión muy importante por que la reacción de la vacuna era mas fuerte que la de las gotas, primero me puse una de seis meses y luego otra de un año. Pero paso el año y medio y la cura fue física ya que lo no deje de pensar en el alcohol. Mi cuñado nos dejó en parte harto de mi y en parte para montar un lavadero. Nos quedamos solos y las cosas fueron de mal en peor, pues cuando se paso el efecto de la vacuna tuve una fuerte recaída y comencé a beber de nuevo pero ya de forma compulsiva.

     Después de muchas discusiones con mi mujer por que mi dejadez era absoluta, cerramos la tienda. Ella se puso a trabajar y yo volví a mi antiguo trabajo, pero después de estar un poco tiempo en casa, empecé a salir de viaje. Fue lo peor que pudo pasarme ya fue cuando comencé a sacar dinero de la cartilla de mi hija por que con la dieta no me llegaba, pero mi mujer descubrió lo que hacia y estuvimos bastante tiempo muy mal con discusiones, reproches y enfados constantes. Entonces cambie la estrategia, ahora solo bebía de lunes a viernes y dejaba los fines de semana de descanso y ella dejó correr lo de la cuenta.

     Mi cuñado se coloco en una empresa de autobuses y me aconsejo que me preparara para las próximas oposiciones. Empecé a hacerlo, pero sin mucha convicción, incluso deje de trabajar un mes para prepararlo a fondo, pero llegó el examen y suspendí. Juro que se vino el mundo encima no solo por mí, sino por todos los que se habían preocupado y se habían hecho muchas ilusiones que quedaron destrozadas.

     Volví a trabajar en una nueva empresa y quizás sea aquí cuando mi alcoholismo alcanzó las cotas mas altas. Antes cuando sacaba dinero era de forma esporádica pero ahora era todas las semanas hasta que descubrí horrorizado que había dejado la cartilla a cero. Si ya de por si no dormía bien por el sentido de culpabilidad, ahora era un infierno. Para dormir tenia que estar como una perra para siquiera dormir cuatro o cinco horas. Pero lo peor llego cuando mi mujer descubrió que la cartilla estaba a cero. No se olvidara este lunes cuando me llamo por la mañana y me dijo que lo había descubierto y que no me molestara en llamarla en toda la semana y que cuando volviera el viernes esto se iba a acabar. Ese día y el siguiente bebí como si en ello me fuera la vida, hasta que dos de mis compañeros me cogieron y me dijeron que me pasaba, que no podía seguir asi, que todo se había acabado, porque dentro de mi había otra persona que me obligaba a beber y me derrumbe y rompí a llorar como una magdalena. Me consolaron y me aconsejaron que buscara ayuda, que por su parte no me iban a dar la espalda. Llego el viernes, volví a mi casa, intente darle una explicación a mi mujer, pero ella estaba demasiado dolida, demasiado cansada de mentiras y me dijo que ya no le importaba lo mas mínimo.

     Fuimos a hablar con mis padres y ella les contó todo. Me dio dos opciones: curarme o irme. Busque en la guía, apunte un par de teléfonos, llame a información y conseguí el teléfono de ALCOTRE. Sinceramente llame como lo hice antaño a CRUZ ROJA, pero cuando hable por primera vez, ANA, cuando me dijo que era una enferma, vi las cosas de otra manera, me transmitió optimismo y una gran alegría me invadió. Cuando volví el viernes fui con mi mujer y nos recibieron ANA y su marido ANGEL, Rafael, EL PRESIDENTE Y SU ESPOSA Maite. Empecé A contar mi historia, mi mujer se derrumbo y empezó a llorar. Entre todos la consolaron mientras yo buscaba un lugar para esconderme a causa de la vergüenza que me producía lo que ella contaba. Entramos a hablar con JUAN CARLOS, el psicólogo y empezó a hablarnos de la enfermedad. Desde entonces han pasado nueve meses. Hemos comprendido a que nos enfrentamos, que es un camino difícil y largo, pero que hay que andarlo con paso firme y decidido, que tenemos que cambiar nuestra actitud, y mirar al frente.

     En todo este tiempo no he probado ni una gota de alcohol y conseguido cambiar algo de mi forma de ser, pero todavía no he hecho mas que empezar a caminar, pero con la ayuda de mi mujer y de los demás compañeros creo que puedo superar mi enfermedad, aun sabiendo que la tendré conmigo hasta que me muera.

     Quiero dedicar unas líneas a mi mujer y a mi hija, ellas dos son el motivo por el que debo de estar sobrio, pro mi hija para estar a su lado en sus estudios y sobre todo en su formación como persona, y por si tropieza ayudarla a levantarse y continuar su camino. Por mi mujer por todo el apoyo que me esta dando y aunque casi nunca le digo que la quiero y menos se lo demuestro, siempre la llevo en mi corazón y procurarse estar a su lado siempre que me necesite, para lo bueno y lo malo, para las alegrías y las penas. Y para formar una familia feliz como ella se merece.

     Sé que tengo que cambiar mucho: ser más comunicativo, tomar mis propias decisiones, sin dejarme influenciar por nadie, y abrí mi corazón y dejar que mis sentimientos salgan al exterior. Todo eso lo conseguiré con esfuerzo, pero estoy decidido a hacerlo por los dos, porque nos merecemos ser felices de una vez por todas.


Rafael